El sector rural y agropecuario de Guatemala, Honduras y El Salvador sigue manteniendo diferencias marcadas entre un subsector moderno y muy tecnificado y otro, más numeroso, con baja eficiencia en el aprovechamiento de los recursos. Este contraste provoca una incapacidad para cubrir las necesidades en alimentos de la población, acelera el ritmo de degradación de los recursos naturales, genera desempleo y eleva los indicadores de pobreza rural.
En la estructura agraria de estos países se observa aún una fuerte desigualdad en la distribución de la tenencia de la tierra, concentración y cierta inflexibilidad en su transferencia entre los distintos estratos de explotaciones.
El mantenimiento de estos rasgos en la estructura agraria, a pesar de reformas llevadas a cabo en los tres países, es en gran parte efecto de las limitaciones de estos procesos, cuyo impacto en la concentración privada del recurso fue bajo, tanto como en la transferencia de activos de tierras y de apoyos para la producción a las familias campesinas.
A esto se ha sumado una oferta de empleo relativamente limitada en la industria, escasa diversificación agropecuaria y de las actividades rurales. Esto ha impedido cubrir la demanda de empleo de la población rural, que ha visto disminuir sus posibilidades de ocupación en la agricultura debido al declive experimentado por esta actividad en los últimos años.
Una de las características en el medio rural es el incremento de la masa de campesinos sin tierra o con parcelas minúsculas que, por el deterioro de los recursos naturales y por la imposibilidad de mejorar los procesos tecnológicos, no permiten cubrir las necesidades de la familia. Esto ejerce una fuerte presión sobre el acceso a la tierra y el empleo extraparcelario para satisfacer sus necesidades básicas, lo que seguramente es una demanda permanente dadas las condiciones de pobreza prevalecientes.
Esta demanda de empleo tropieza con una oferta menor y estacional debido a la explotación extensiva de un buen porcentaje de tierras en las fincas grandes, y con la aplicación de métodos de producción con uso intensivo de capital en las explotaciones modernas. Ello influye en que, pese a cierto dinamismo económico observado en la región, el volumen del empleo generado no haya cubierto la demanda de la población rural.
En el estudio se plantea que la lenta modernización del agro está vinculada a la posibilidad de mantener bajos costos de producción en las grandes explotaciones privadas, derivados no sólo de la abundancia de recursos naturales sino también de la subestimación de la abundante fuerza de trabajo campesina, constreñida en el minifundio y que en alto porcentaje se emplea en este estrato también para producir los medios de subsistencia.
Por otra parte, investigaciones dedicadas al tema agrario de los países centroamericanos de las últimas décadas presentan evidencias de que la estructura de las relaciones, acorde con cambios en la tenencia de la tierra, se ha vuelto más compleja que aquella existente antes de las reformas, y están adquiriendo importancia nuevos agentes que invierten en la agricultura, sobre todo para el cultivo de productos no tradicionales de exportación...
viernes, 26 de julio de 2013
¿Cual es el origen de la distribuciòn de tierras en Guatemala?
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